Juego de Tronos-Re-lectura VII

Buen día a todos!! Acá les traigo una nueva entrega, la séptima en este caso, de la re-lectura del primer libro de la saga. Con resultados dispares, hasta el momento no obtuvimos grandes descubrimientos, aunque si algunas pistas, pero sobre las cuales no hay unanimidad. Esperemos que en los próximos 3 capítulos que debatamos, logremos encontrar algo mas.

Como siempre, les dejo la entrada anterior, en ella encontraran las demás entradas con los correspondientes debates y capítulos a leer.

Juego de Tronos-Re-lectura VI

*Eddard III

—La loba es del norte. No merece que acabe con ella un carnicero.

Salió de la sala con un extraño ardor en los ojos, mientras los alaridos de su hija le resonaban en los oídos, y encontró a la cachorrilla de loba donde la habían encadenado. Ned se sentó un rato junto a ella.

Dama —dijo, saboreando el nombre.

No había prestado mucha atención a los nombres elegidos por sus hijos para los huargos, pero en aquel momento se dio cuenta de que Sansa había estado acertada. Dama era la más pequeña de la camada, la más bonita, la más dulce y confiada. Lo miraba con brillantes ojos dorados mientras él le acariciaba el pelaje espeso y gris.

Jory no tardó en llevarle a Hielo. Todo terminó enseguida.

—Elige a cuatro hombres y que lleven el cadáver al norte —dijo después—. Quiero que la entierren en Invernalia.

—¿Tan lejos? —preguntó Jory, atónito.

—Tan lejos —confirmó Ned—. Si la Lannister quiere una piel de lobo, tendrá que buscarse otra.

*Bran III

Bran’s Dream by SharksDen

Vio Invernalia tal como lo veían las águilas, los esbeltos torreones parecían chatos y rechonchos desde arriba, los muros del castillo no eran más que líneas en la tierra. Vio al maestre Luwin en su balconada, estudiaba el cielo a través de un tubo brillante de bronce y tomaba notas en un libro, con el ceño fruncido. Vio a su hermano Robb, más alto y fuerte de como lo recordaba, practicaba esgrima en el patio y la espada que tenía en la mano era de acero. Vio a Hodor, el gigante bobalicón de los establos, que llevaba a la fragua de Mikken un yunque cargado al hombro igual que otro cualquiera podría cargar una bala de heno. En el corazón del bosque de dioses, el gran arciano blanco se inclinó sobre su reflejo en el estanque negro, las hojas crujían con el viento gélido. Cuando percibió la mirada de Bran, alzó los ojos de las aguas tranquilas y se la devolvió con deliberación.

Miró hacia el este, y vio una galera que surcaba las aguas del Mordisco. Vio a su madre, sentada a solas en un camarote, que contemplaba el cuchillo ensangrentado que reposaba en la mesa ante ella mientras los remeros hacían avanzar la nave y Ser Rodrik, tembloroso y jadeante, se inclinaba sobre la borda. Ante ellos se fraguaba una tormenta, los truenos retumbaban y los rayos rasgaban el cielo, pero por alguna extraña razón no se daban cuenta.

Miró hacia el sur, y vio la gran extensión verdeazulada del Tridente. Vio a su padre suplicar algo al rey con el rostro desencajado por la pena. Vio a Sansa llorar hasta quedarse dormida y vio a Arya vigilar en silencio, mientras ocultaba secretos en lo más profundo de su corazón. Los tres estaban rodeados de sombras. Una sombra era oscura como la ceniza, con el rostro espantoso de un perro. Otra tenía una armadura muy hermosa, dorada y brillante como el sol. Sobre ambas se cernía un gigante con una armadura de piedra, pero cuando se levantó el visor del yelmo dentro no había más que oscuridad y sangre espesa, negra.

Alzó la vista y miró hacia la otra orilla del mar Angosto, hacia las Ciudades Libres y el verde mar dothraki y aún más allá, hacia Vaes Dothrak bajo su montaña, hacia las tierras fabulosas del mar de Jade, hacia Asshai de la Sombra, donde los dragones se movían bajo la luz del sol al amanecer.

Por último miró hacia el norte. Vio el Muro que brillaba como cristal azul, y a su hermano bastardo Jon que dormía solo en una cama fría, con la piel cada vez más pálida y encallecida a medida que el recuerdo del calor era más y más lejano. Y miró más allá del Muro, más allá de los bosques interminables cubiertos de nieve, más allá de las orillas heladas y los grandes ríos de hielo azules de puro blancos, más allá de las llanuras en las que nada podía crecer ni vivir. Miró hacia el norte, y más al norte, y más al norte, hacia el telón de luz que había al final del mundo, y más allá del telón. Miró hacia lo más profundo del corazón del invierno, y en aquel momento dejó escapar un grito de terror, y el calor de las lágrimas le abrasó las mejillas.

Bien, ya lo sabes —le susurró el cuervo posado en su hombro—. Ya sabes por qué tienes que vivir.

—¿Por qué? —preguntó Bran sin comprender, mientras caía sin cesar.

Porque se acerca el invierno.

*Catelyn IV

—El maestre Luwin ya está haciendo todo lo que es posible por Bran —replicó. No quería hablar de Bran allí, con aquella gente. Confiaba poco en Meñique, y nada en Varys. No iba a permitir que vieran su dolor—. Según me dice Lord Baelish, a vos es a quien debo dar las gracias por hacerme venir aquí.

—Sí, sí, me declaro culpable. —Varys rió entre dientes como una niñita—. Espero que me perdonéis, bondadosa señora. —Se acomodó en un sillón y juntó las manos—. ¿Puedo pediros que nos enseñéis la daga?

Catelyn Stark miró al eunuco asombrada, atónita. Era una araña, pensó, o quizá un brujo, o algo peor. Sabía cosas que nadie podía saber, a menos que…

—¿Qué le habéis hecho a Ser Rodrik? —exigió saber.

—Me siento como el caballero que llega a la batalla sin lanza. —Meñique estaba desconcertado—. ¿De qué daga estamos hablando? ¿Quién es Ser Rodrik?

—Ser Rodrik Cassel es el maestro de armas de Invernalia —le informó Varys—. Os aseguro que no se le ha hecho ningún daño a vuestro buen caballero, Lady Stark. Llegó a primera hora de esta tarde. Fue a ver a Ser Aron Santagar en la armería, y hablaron de cierta daga. Al anochecer salieron juntos del castillo y fueron a esa espantosa choza donde os alojáis. Todavía están allí, bebiendo, en la sala común, a la espera de vuestro regreso. Ser Rodrik se alarmó mucho al ver que os habíais marchado

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