George R. R. Martin: mano a mano con el creador de Game of Thrones

“Siempre quise escribir canciones pero pronto descubrí que para eso no tenía talento”, asegura George R.R. Martin, autor de Game of thrones, la saga de fantasy épico publicada en 1991, que habría de cambiar radicalmente nuestra percepción de los mundos fantásticos. Todo en Martin toma una velocidad de vértigo. Acaba de publicar Fuego y sangre, la precuela de tres siglos precedentes que darán forma a esos siete reinos de leyenda, donde la invasión y conquista se logran mediante el incendio sistemático de ciudades habitadas. Dragones, otro modo de decir bombarderos.  

Es uno de los escritores más leídos del mundo. La saga de George R.R. Martin alcanzó los 87 millones de ejemplares vendidos, con 47 traducciones. Es en cierta medida injusto verse obligado a nombrar tanto la serie de HBO, la más vista de la historia, en streaming en 170 países. Por otra parte, la prolífica obra de Martin no se ajusta dócilmente a la pregunta sobre el valor literario, sería superfluo. Hablamos entonces de fenómenos culturales de dimensiones futbolísticas… Hablamos de un espíritu de época y un estado general de la narración, que el autor no solo captó sino que le dio forma de una manera activa.

Una canción de hielo y fuego, donde todo comenzó, narra la historia del continente Westeros, cuando los Targaryen han perdido su reino. Uno de los aspectos inquietantes de la saga es que presenta un Medioevo desprovisto de cristianismo y de la asfixia de las grandes religiones monoteístas. Eso basta para reconfigurarlo todo, desde las intrigas de poder hasta las costumbres sexuales. En A game of thrones el incesto es un secreto a voces y tiene un tardío castigo, pero en Fuego y sangre es fundacional, parte del derecho divino. El libro –que se venderá en el país desde diciembre– no guarda relación con las cinco precuelas que HBO prepara por estos días, de las cuales solo una tiene colaboración de George Martin.

Esta nueva entrega se remonta a la conquista, cuando Aegon, de la dinastía Targaryen, invadió Westeros y los demás reinos. Fuego y sangre no es el testimonio de un contemporáneo, sino un compendio histórico (apócrifo) escrito por el Archimaestre Gyldayn, de la Ciudadela de Oldtown. Nos adentramos así en la ficción sobre una ficción, las capas narrativas se van plegando unas sobre otras como un hojaldre de mitos y leyendas. Se trata además de un libro ilustrado –por Doug Wheatly, que ha contribuido antes en Star Wars-, lo que aporta al lenguaje de la ensoñación típico tanto del fantasy como del cómic.

A sus 70 años George R.R. Martin mira de otro modo el inigualable golpe de suerte que representó el interés de HBO. Con su inveterada gorra hasta las orejas y una barba blanca silvestre, sonríe y revela una sonrisita de dientes en miniatura. Hay algo juguetón en su imagen –y un poco triste–: “Me gustaría ir a cenar y no ser reconocido pero la gente nunca es agresiva. Escribir siempre es desafiante. Hay días en que cuesta tanto, que ya quisiera cambiarme el nombre y correr a esconderme en la Antártida.”

–Cuéntenos de Fuego y sangre.

–Lo primero es que el nuevo libro no es una novela; no contiene dramatizaciones de hechos. Es un libro de historia escrito por un maestre que no fue un testigo primario de la conquista de Westeros. Yo no soy historiador pero toda la saga de Hielo y fuego fue alimentada por mis lecturas de obras de divulgación y novela histórica (los ensayos académicos me resultan áridos, no me inspiran).

–En algunos casos, el Maestre da varias versiones o deja puntos suspensivos …

–Es así con la historia. Mire, a mediados de los 80 yo trabajaba en una novela que transcurría en tiempos de la prensa amarilla en Nueva York. Había entonces un rascacielo fabuloso con un domo dorado, construido en 1895; se lo creía el más alto del mundo. En mi larga investigación, encontré tres versiones sobre cuántos pisos tenía… Lo demolieron luego para levantar el Puente de Brooklyn. Piense usted, un hecho tan simple y cercano…

–La saga fue interpretada como una metáfora sobre el cambio climático, no solo por las largas estaciones extremas. Hoy se la asocia con la inmigración, en parte por la gran muralla helada.

–Ambas asociaciones son más recientes y se afirman más en la serie, no tanto en las novelas. Yo la escribí con otras metáforas como referencia. Soy de una generación que tenía el demonio de los alienígenas… De niño solo leía ciencia ficción; hace 40 años, el 90 por ciento de lo que escribía eran cuentos de ciencia ficción. Eso afectó decididamente mi visión del mundo. Crecí leyendo sobre los extraterrestres. Además, el cambio climático es de una importancia monumental, pero queda disminuido por la presencia de los nazis, ¿no? Y es más grave. Aquí en EE.UU. tenemos nazis, como usted sabe.

–¿Cómo cree que será leído Fuego y sangre? Cuenta la historia de una invasión mediante dragones, son una fuerza aérea de una supremacía arrolladora.

–Me han observado que es una metáfora del uso del napalm. Es claro desde la saga original que los dragones son armas de destrucción. Daenerys Targaryen aprende pronto la diferencia entre destruir y gobernar. Pero sucede que hoy hay media docena de países con capacidad nuclear: Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Rusia…

–El género fantasy, del que su venerado J.R.R. Tolkien es el fundador clásico, ha sido muy criticado por su melancolía antidemocrática y su misoginia. ¿Cómo ve esta narrativa, tan ligada a héroes y lectores varones, en medio del #MeToo?

–Yo nunca pienso en género ni en razas, la verdad. ¡Son tantos personajes! Hay 17 mujeres protagónicas en Una canción de hielo y fuego. Y Sansa no es igual a Cersei ni a Brien de Tarth. Procuro desarrollarlos a todos como individuos plenos. Para mí, en un libro todo empieza y termina en el personaje. Por otra parte, no puedo negar que la serie aportó dimensiones que no estaban en mis libros. Por ejemplo, el enano Tyrion Lannister: el extraordinario actor Peter Dinklage le dio una complejidad en la que yo no pensé. Eso ocurrió también con Maisie Williams, como Arya Stark.

–Se ha señalado que usted ha dado un giro al concepto de fan. ¡Los suyos son una tribu muy populosa!

–Sí, muchas ideas me las dan ellos, y a menudo se encargan del chequeo de datos. Por ejemplo, me avisan que un caballo es semental en un tomo y yegua en otro… Son cientos de personajes, cada uno con un color de ojos… Siempre tengo presente que hay numerosísimos autores muy buenos que se la pasan juntando lectores de a uno… Alguna vez a mí también me ocurrió, en los 80, tener que esperar durante una hora la llegada de alguien para arrancar con la presentación de mi libro y que cuando finalmente llegara me preguntara por el estante de libros de cocina…

–El lunes pasado, en la presentación en el Teatro Loews, usted contó que en algún momento, hace años, trataba de ganarle de mano a la serie pero que luego desistió…

–Es un hecho que todos estos grandes productos culturales dependen de numerosos factores combinados. Requieren de un timing justo que no se puede calcular, mucha suerte, una insistencia promocional que los medios no siempre pueden brindar. Recordemos que GOT no tuvo éxito al principio sino que fue creciendo. Debo estar agradecido a la serie: me hizo increíblemente rico y exitoso. Ahora describo los 300 años previos a la conquista, mientras HBO prepara otro guión sobre los 5000 años antes, es decir, su Prehistoria.

Fuente del articulo

 

Deja un mensaje